27 de octubre de 2009

Un premio Nobel de la paz debe actuar como tal

José Ginarte Sardina

Santiago de Cuba, Oct 28:- Frente a las costas de los Estados Unidos de Norteamérica, situada a la entrada del Golfo de México, existe una pequeña isla llamada Cuba que, desde hace alrededor de 50 años, sufre los efectos del más brutal bloqueo económico, comercial y financiero que jamás haya conocido la historia de la humanidad.

Un poderoso imperio que se cree amo y señor de todo cuanto existe y palpita en el planeta Tierra y su entorno, es el que se ha propuesto rendir por hambre y enfermedades al legítimo pueblo de dicha isla, por el simple hecho de haber decidido ser libre, independiente y soberano a partir de haber realizado una verdadera Revolución y de estar construyendo una sociedad socialista distinta a la capitalista, que nada bueno le ofreció en el pasado.

Hasta el año 2008, en diecisiete ocasiones consecutivas la comunidad mundial de naciones, con excepción de dos o tres de sus miembros, encabezados por Estados Unidos en su condición de país impositor de semejante medida que perjudica, sobre todo, a las niñas y niños, mujeres y ancianos cubanos y personas que padecen de enfermedades, ha votado a favor de la suspensión del bloqueo de que es víctima Cuba.

Este 28 de octubre, nuevamente la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el marco de su 64 período de sesiones, examinará y votará por décimo octavo año consecutivo una resolución sobre el bloqueo de los Estados Unidos a Cuba, tras de que varios presidentes y gobernantes condenaran el cerco ante el mismo foro y otras tribunas.

Corresponderá, por lo tanto, al recién nombrado premio Nobel de la Paz, el presidente estadounidense Barack Obama, hacer función de tal merecimiento, decretando la suspensión total y definitiva del bloqueo a Cuba, en acto de justicia y observancia de los principios y normas del derecho internacional.

El gobierno de Cuba ha declarado en múltiples oportunidades que el bloqueo de los Estados Unidos contra la Isla se mantiene intacto y constituye un acto de agresión unilateral al que se debe poner fin por parte de la actual administración norteamericana, que es la heredera y fiel continuadora hasta ahora de la aplicación de esa bárbara y obsoleta medida antihumana.

Mañana miércoles, por esas tantas oportunidades que brinda la vida, Barack Obama tendrá la posibilidad de no defraudar a la comunidad internacional que aboga por el cese inmediato del bloqueo. No sumarse a esa histórica y demandada necesidad, sería amplificar el grave error en que incurrieron neciamente todos los presidentes norteamericanos que lo precedieron en los últimos 50 años.

Hoy los tiempos son otros, han cambiado y exigen decisiones nuevas, humanas e inteligentes que deroguen lo obsoleto e irracional, y abran paso al entendimiento y progreso de los pueblos en situación de paz y confraternidad.

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